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El libre albedrío (la Libertad, la Voluntad), según Cometa

El libre albedrío. Este concepto surge con el cristianismo, pero no con el nacimiento de este como religión, sino al nacer la institución eclesiástica, y con ella, una serie de teóricos que intentaban hacer una conjunción entre fe y razón.

En especial es San Agustín quien introduce la doctrina neoplatónica y la adapta a las necesidades del incipiente catolicismo.

Antes, el ser humano no se había cuestionado así sobre la Libertad, ni sobre el origen de la Realidad o de la Materia. Sí, no obstante, por el Ser y el no Ser (distinción que surge con Parménides e, indudablemente, con Platón y Aristóteles). Pero nunca sobre si las acciones del ser humano son libres o no, y menos sobre si obramos mal conscientemente.

Si nos retrotraemos a la época helena, observamos como la respuesta más conocida a dicha pregunta será la de Sócrates, afirmando que el mal no es más que la ignorancia de aquel que obra, y que nadie obra mal conscientemente.

Con esta respuesta se desterraba la idea de la libertad a la hora de obrar de una manera u otra, tanto bien como mal. Por lo que la libertad no debía ser objeto de discusión.

Pero, como ya hemos comentado, el cristianismo necesitaba idear un sustento teórico que le permitiera introducir en el individuo la idea de que es libre de actuar hacia el bien y alejarse, por tanto, del mal. Esto es, aceptar la fe cristiana y abrazar el catolicismo.

libre albedrío

Así pues, partimos de la propuesta de que el individuo es libre de obrar según su voluntad y que la vida es una secuencia de elecciones plenamente conscientes y, por lo tanto, voluntarias (libres).

Para comenzar esta explicación considero necesario un ejercicio cartesiano, es decir, dividir en partes simples un problema complejo para así ver más claramente las jerarquías que lo conforman.

Así qué, vamos a coger un todo e intentar descomponerlo en las supuestas partes que lo componen (Ingeniería Inversa). Apoyándonos para ello en Platón, Aristóteles, Wittgenstein, Descartes, San Agustín y otros, pero también en los más recientes conocimientos que se derivan de las modernas tecnologías de la información aplicadas a la genética, la neurobiología y la neuropsicología mediante el tratamiento masivo de datos (Big Data) y su procesamiento por parte de la Inteligencia Artificial (IA). Este proceder sería uno de los métodos de trabajo de COMETA.

Es necesario aclarar que el conocimiento disponible al respecto aún es demasiado escaso y débil para dar respuestas definitivas a un tema así. Sobre todo, en comparación con la ingente cantidad de interrogantes que se nos presentan cada vez que enfrentamos este asunto.

Así pues, comenzamos proponiendo que se nace (desde la concepción) con unas condiciones predeterminadas por la madre y el padre (el código genético), que, haciendo una alegoría con la construcción, serían los cimientos sobre los que se apoya la persona. Estos genes, evidentemente, están determinados por los progenitores y, por lo tanto, de entrada, la persona es algo predeterminado.

Si avanzamos por el desarrollo observamos que se va construyendo la personalidad a partir de las interactuaciones del organismo con el Medio (las experiencias)  las cuales promocionan las codificaciones específicas de las instrucciones genéticas contenidas en el ADN (epigenética), así como su modo de expresarse (fenotipo).

Pero, ocurre que el Medio no es algo que podamos definir como algo determinado, ya que, si bien se sabe que sigue reglas claras de funcionamiento estas tienen un funcionamiento muy complejo que arroja resultados impredecibles, lo que nos conduce a un entorno que podríamos definir como indeterminado, por ahora.

Si continuamos desglosando partes observamos una fase en la que se produce un desdoblamiento del individuo, esto es, la autoconciencia, el Yo. La cual se apoya firmemente en el desarrollo del lenguaje, que se compone de patrones (reglas) aprendidos. Y, por lo tanto, determinados.

Repasando, observamos como hay un determinismo claro en el desarrollo de la personalidad (la identidad). Sobre la cual se apoya el concepto de Voluntad y, por lo tanto, el llamado “libre albedrío”.

Así, podemos proponer que cada acción humana está determinada por una identidad construida, y que, aun creyendo que decidimos voluntariamente, simplemente hacemos aquello para lo que estamos programados por nuestras reglas particulares, en otras palabras, por unos patrones particulares aprendidos sobre la base de nuestra genética y de nuestra experiencia.

No obstante, este modo de determinación no significa en absoluto que el futuro posible sea uno y solo uno, teniendo en cuenta que la secuencia de hechos concatenados que constituyen la vida es algo de la más alta complejidad y bastante impredecible, al menos por ahora. Ya que, además, intervienen otros factores cruciales, como la aleatoriedad y las mutaciones espontáneas.

En otras palabras, aun suponiendo que el organismo humano fuera algo determinado, el entorno sigue siendo indeterminado. Por lo que la existencia del libre albedrío sería posible.

¿Y qué tiene esto que ver con COMETA?

Pues que en Cometa utilizamos este conocimiento a la hora de comprender las estructuras que conforman nuestras respuestas y conductas condicionadas para así poder identificarlas, suspender su aplicación y poder generar nuevas maneras de pensar que respondan a patrones reformulados según la Realidad a la que tengamos que dar respuesta. En lugar de repetir patrones ineficaces que nos lleven al fracaso.

la voluntad

 

  • Conocer nuestras estructuras mentales
  • Identificar nuestras conductas y respuestas
  • Suspender patrones
  • Generar nuevas manera de pensar

 

 

Por otro lado, es oportuno señalar que para el ser humano es necesario mantener la creencia de que se es libre a la hora de obrar, ya que, y tomando prestada la distinción griega entre physis y nomos, si queremos mantener las organizaciones sociales que permiten la existencia del nomos, debemos mantener como cierto el concepto del libre albedrío, ya que, por ejemplo, sin él, el derecho no existiría, y con ello tampoco el marco de convivencia necesario para el ser humano, que, como dijo Aristóteles: “es social por naturaleza”.

Además, la necesidad de la creencia en el libre albedrio es también imprescindible para el equilibrio psíquico particular de cada individuo, teniendo en cuenta el actual estado evolutivo de la mente humana. En otras palabras: así ha sido seleccionado por la Naturaleza. Y en COMETA lo utilizamos para generar CREATIVIDAD E INNOVACIÓN.

Nicolás Ortigosa de la Fuente (Facultad de Filosofía y Derecho de la UCM)

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